Te ves en èl y no te encuentras, la pérdida del sentido espacial es el primer efecto, luego surge de entre los objetos, en su doble existencia, uno a uno los puntos que darán forma definitiva a aquello que llamamos yo, surges estas ahí, eres tu quien dará la aparición definitiva. Entonces es pretexto para ver aquello que hace tiempo dejó de ser.
El tiempo se transforma en un gallo de cerámica y la resistencia es el falso brillo de los ojos y el amor es cartón. Aparece una sonrisa vieja y el nombre de mis muñecas con serpientes de hilo, mis dedos sosteniendo la pasión con que ahora devoro el agua de nuestras cabezas, que ya no se ven. La vida entonces estalla haciendo saltar el sueño que cambia y se vuelve homicida, donde las palabras se despiden de una infancia. La causa pérdida en que las promesas han perdido su supuesta bondad.
Separamos el espacio, un segundo del tamaño de aquella luna que ofreció sus favores para el renacimiento y no fue más que un estuche vacío, en el que esperamos madure la presencia infinita de la sombra, esa que permitió la despedida de las aceras pequeñas, de las avenidas en las que perdimos los zapatos. Un cruce de astros en los que el público se eleva como aves asustadas, para que te quedaras en el preciso momento en que el deseo se volvía tizón de viejas penas. Un caramelo con envoltura, un cristal sobre el lodo, una puerta y una llave nueva. Que no pudiste ser.
Ahora que tengo dos ojos me llevo la envoltura de Ulises
Despierto del sueño con el vino fingidor de Chinarski
Me llevo el placer y la encomienda
Me llevo el paso torpe e ingnorante
Porque en él esta mi humanidad,
la mujer que soy
mi embriagada histeria
y mi ser insoportable.
He dejado atràs las tres letras del abecedario navegante (ECO).
“Después de todo, las computadoras se rompen, la gente se muere y las relaciones se terminan. Lo mejor que podemos hacer es respirar y reiniciar”. Carrie Bradshaw en ’Sex and the City
La pasiòn de retina, una ventana que quedò atràs.



