Posts etiquetados ‘Floreana’

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Dedalus

2009/02/11

Un sitio herrumbroso con esferas de estación que no cambian luces y encienden el emblema permanente del infortunio. La convicción de la espera está amarrada a una pregunta pequeña y cobarde que no puede entrar en el juego de las piezas grandes. Lejos de esa basura minúscula que es la percepción ajena, con su firmamento de bienestares vanidosos, caminos invisibles de deseos repasados; se cierran los recorridos hinchados de una petulancia que soñamos ver caer. Aquí el aliento puro, esa guía que vamos ajustando dulcemente a la minusvalía popular y que nos responde con la amenaza de un nuevo escondite.

Laberintos ingenuos que quieren reconocerse y compartir.

Octubre tiene la verdad austral de silencio. La noche del Puerto, atizada por una radio vieja que se queja entrecortada en una cumbia. Soy la invitada con pintura de vulnerable en medio de los sobrevivientes.

Para iniciar los intercambios: A Portrait of the Artist as a Young Man “Retrato del artista siendo adolescente”, que en la edición en español es Retrato del artista adolescente. El “siendo” de la particular cosecha, tuvo su explicación, por eso de que las traducciones reflejan neurosis de los interpretes. La biografía del autor alcohólico, brotando en la memoria, junto con el párrafo que sería para siempre un eje.

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Había oído pronunciar solemnemente en la escena y en el pulpito los nombres de las pasiones del amor y del odio; las había visto expuestas pomposamente en los libros, y se preguntaba por qué su alma era incapaz de albergar ni el uno ni el otro ni aun siquiera de forzar los labios a pronunciar sus nombres con convicción. A menudo había sentido un breve acceso de cólera, pero nunca había sido capaz de conservar su resentimiento largo rato, sino que había sentido que se iba desvaneciendo en seguida como una cáscara o una piel que se desprendiera con toda suavidad de su propio cuerpo. Y había sentido también una presencia obscura, sutil y susurrante que penetraba por todo su ser, que lo incendiaba en las llamas pasajeras de un deseo vedado. Y también este anhelo resbalaba hasta colocarse fuera de su alcance, dejando su mente indiferente y lúcida. Parecían éstos el único amor y el único odio que su alma era capaz de albergar.

Joyce después de beber unas 20 botellas de cerveza, era un cíclope que lograba esa visión unitaria de condena. Mi conservado Ulises de la paquidérmica novela, era ahora sólo un viento juvenil y desesperado. Esta nueva existencia de amargura dulce se estaba plantando a esperar por meses insulares, mi licencia, para convertir el aire en un producto exhalado.

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Días después. Comienzan los desagravios digeridos en las páginas, de esta y otras cosas del irlandés. Antes de que se empezaran a destapar las botellas ,  me pregunté:

¿Quièn es my fellow sufferer? (habiendo leído “Dubliners”)

La apertura del vino blanco que acompaño el fructífero buceo de langostas y la promesa de más reprensión acompaño los pensamientos.

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Amanda llega con la lluvia.

2009/02/05

Los avisos, globos blancos de las historietas, revelan algo dentro de uno, escarnecen la incapacidad para comunicarme.

Lugares que son como espejos. Siempre me quedo en el muelle hasta el final. Un pañuelo, que se convierte en un par de feligreses y aparece en los kioscos para saciar la sed de paso, ahora en aeropuerto; revista Vogue y malboro rojo.

De ida y vuelta. El universo de silencio y sol, ahora vestida y con escándalo. La complicación simple, la línea y plenitud que involuntariamente puede funcionar de a dos.

Tocan la puerta del desconocimiento, la virtud del extraño que se presenta con un ejemplar de escudo: “La senda del perdedor”. El príncipe se regala otra conquista, se disfraza bien, en su plano de experimentado estratega, conoce la medida de nuevos orgullos, sabe esperar de falsos traumas, para ser el rey de los deseos pacientes.

En  la sorpresa, permitir mi menudeado compromiso de NO planes, NO futuros. Como guerrero sabes no titubear en mis viajes. Puedo ser Ilona y Larissa, la novela rosa que fué una olibligación de Puerto o ver Annie Hall y respasarla hasta el cansancio.

Pero jamàs olvidarlo y retornar cuando leo cosas como esta.

El suyo (que es mío) :

Chicas tranquilas y limpias con lindos vestido

Todas las que conozco son putas, ex putas,
locas. Veo hombres con mujeres
tranquilas, amables, los veo en los supermercados,
los veo caminando por las calles juntos,
los veo en sus departamentos: gente en
paz, a menudo horas o días de paz.
Todas las que he conocido son adictas a las pastillas,
alcohólicas, putas, ex putas, locas.
Cuando una se va
llega otra
peor que la anterior.
Veo tantos hombres con chicas tranquilas y limpias
bien vestidas
chicas con caras que no son lobunas
o predatorias.
“No traigan más una puta por acá”, les digo a
mis pocos amigos, “me voy a enamorar de una”.
“No podrías estar con una buena mujer Bukowsky”.
Necesito una buena mujer,
necesito una buena mujer,
más de lo que necesito una máquina de escribir,
más de lo que necesito a mi auto, más
de lo que necesito a Mozart.
Necesito tanto una buena mujer que
puedo saborearla en el aire, puedo sentirla
en la punta de mis dedos,
puedo ver veredas construidas
para que sus pies caminen,
puedo ver almohadas para su cabeza,
puedo sentir mi risa que espera,
puedo verla acariciando un gato,
puedo verla durmiendo,
puedo ver sus pantuflas en el piso.
Sé que existe
pero, ¿Dónde está ella en esta tierra
mientras las putas continúan llegando?.

Nuestro padre

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Crecer

2009/01/29

Han pasado 4 meses desde la última vez que lo ví, le dí un beso y salí en silencio mientras dormía. Dicen que después fué a mi casa y que al verla vacía, arrancó en llanto, que gritó mi nombre.

Hoy sentada en un centro comercial, tuve que correr al baño para que la gente no me viera llorar. Una mujer entro a la tienda con su hijo. Un niño pequeño que desbarató las medias y los zapatos del almacén. Desde que lo ví, no tenía duda de que tenía 1 año y medio, la edad de Jahir, cuando lo conocí. El último bebé de los tres de  Jessica “la china”, pero el primero de Milton, que ya había pensado morir en esa isla sin descendencia.

La escena de esta tarde trajo a mi una nueva idea de soledad, la de poder vivir sin mirar la figura de la vaca color violeta en el libro de poesías y canciones, sin cantar cucú-cucú unas 20 veces seguidas, sin lograr que el plato de sopa quede vacío, sin imitar los sonidos de todos los animales que conocemos, sin bañarnos en el mar hasta que oscurece.

 Hoy escucho que me llaman, veo que  alguno corre para abrazarme y  le pido un beso fácil. Busco por dentro la sensación de ver crecer a alguién y los recuerdos me llevan a lágrima.

Conocí en Floreana a 37 hermosos niños que no ven televisión, que nunca se enferman y que crecen en un paraíso en donde son el tesoro. No sé como puedo levantarme todos los días con ese vacío de no verlos. 

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