Los avisos, globos blancos de las historietas, revelan algo dentro de uno, escarnecen la incapacidad para comunicarme.
Lugares que son como espejos. Siempre me quedo en el muelle hasta el final. Un pañuelo, que se convierte en un par de feligreses y aparece en los kioscos para saciar la sed de paso, ahora en aeropuerto; revista Vogue y malboro rojo.
De ida y vuelta. El universo de silencio y sol, ahora vestida y con escándalo. La complicación simple, la línea y plenitud que involuntariamente puede funcionar de a dos.
Tocan la puerta del desconocimiento, la virtud del extraño que se presenta con un ejemplar de escudo: “La senda del perdedor”. El príncipe se regala otra conquista, se disfraza bien, en su plano de experimentado estratega, conoce la medida de nuevos orgullos, sabe esperar de falsos traumas, para ser el rey de los deseos pacientes.
En la sorpresa, permitir mi menudeado compromiso de NO planes, NO futuros. Como guerrero sabes no titubear en mis viajes. Puedo ser Ilona y Larissa, la novela rosa que fué una olibligación de Puerto o ver Annie Hall y respasarla hasta el cansancio.
Pero jamàs olvidarlo y retornar cuando leo cosas como esta.
El suyo (que es mío) :
Chicas tranquilas y limpias con lindos vestido
Todas las que conozco son putas, ex putas,
locas. Veo hombres con mujeres
tranquilas, amables, los veo en los supermercados,
los veo caminando por las calles juntos,
los veo en sus departamentos: gente en
paz, a menudo horas o días de paz.
Todas las que he conocido son adictas a las pastillas,
alcohólicas, putas, ex putas, locas.
Cuando una se va
llega otra
peor que la anterior.
Veo tantos hombres con chicas tranquilas y limpias
bien vestidas
chicas con caras que no son lobunas
o predatorias.
“No traigan más una puta por acá”, les digo a
mis pocos amigos, “me voy a enamorar de una”.
“No podrías estar con una buena mujer Bukowsky”.
Necesito una buena mujer,
necesito una buena mujer,
más de lo que necesito una máquina de escribir,
más de lo que necesito a mi auto, más
de lo que necesito a Mozart.
Necesito tanto una buena mujer que
puedo saborearla en el aire, puedo sentirla
en la punta de mis dedos,
puedo ver veredas construidas
para que sus pies caminen,
puedo ver almohadas para su cabeza,
puedo sentir mi risa que espera,
puedo verla acariciando un gato,
puedo verla durmiendo,
puedo ver sus pantuflas en el piso.
Sé que existe
pero, ¿Dónde está ella en esta tierra
mientras las putas continúan llegando?.

